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Escrito por Luz Edwards S. / Nº 161
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Viernes 10 de Julio de 2009 |
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El poco tiempo y la opresión machista son excusas baratas para la mujer que ha sabido distinguir lo importante: las labores de la casa son acciones que crean el calor de hogar. Eso sí, sólo tiene éxito quien emprende esta misión con realismo y creatividad.
La dueña de casa que tenemos en la mente ya casi no existe. Esa mujer que prepara con sus manos la comida de la familia, cose los calcetines y ordena por las tardes esperando a que llegue su marido. La razón no es la mala voluntad, sino que las circunstancias cambiaron.
Pero algo que sigue igual -aunque la mujer trabaje, aunque la vida moderna sea rápida y llena de actividades, aunque se pierda mucho tiempo en traslados…- es la necesidad del ser humano de pertenecer a un lugar. Uno que no es sólo un espacio físico, sino un nido afectivo donde se renuevan las fuerzas día a día. Y ese lugar es la casa. “Ésta debiera ser el ícono del amor de matrimonio”, dice Paola Binetti, psiquiatra y diputada del Partido Democrático de Italia, y agrega: “Hacer acogedor un hogar va más allá de poner un arreglo de flores. Requiere una profunda comprensión de las necesidades de todos los que ahí viven y un deseo de satisfacerlas”.
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