|
Las campanas no pueden dejar de sonar |
|
|
|
|
Escrito por Diego Ibañez L. / Nº 170
|
|
Miércoles 05 de Mayo de 2010 |
Solidaridad, comprensión y compasión son tres cualidades que hacen grandes a las personas.
Solidaridad -nos dice el diccionario- es la “adhesión a la causa o la empresa de otros”. Sin embargo, parece que frente a la desgracia, y más si es espectacular, la solidaridad se pone de pie casi de inmediato, pero con el paso del tiempo se duerme plácidamente y no se queda en vela. Su hermana, la comprensión, que consiste en sentir como propios los problemas ajenos, tampoco parece despertarse sino frente a lo más llamativo. Otra pariente de sangre fina es la virtud de la compasión, de raíces humanas y divinas, ya que lleva a experimentar como propio lo más íntimo y sagrado de los demás: el dolor.Padecer con el otro que sufre cae en el olvido con facilidad, ya que la inclinación espontánea de sumirse y quedarse atado a los problemas personales no hace fácil mantenerla con los ojos abiertos y el oído atento. La propia mochila parece ser la única que podemos sostener en nuestras espaldas y no hay espacio para la pesada carga que llevan tantos sin sentir a nadie próximo y necesitado. ¡Qué lección la de esa niñita de un poblado aborigen que llevaba una guagua ya no tan chica en su espalda! Al preguntársele si pesaba mucho, respondió: “nada, es muy liviano; es mi hermano”.
|
|
Continuar leyendo...
|
|
Somos vulnerables, frágiles, inseguros |
|
|
|
|
Escrito por Diego Ibañez L. / Nº 169
|
|
Jueves 15 de Abril de 2010 |
|
Lo sabemos, pero lo olvidamos frecuentemente con bastante indignidad: somos vulnerables, frágiles, inseguros. Y podemos llegar a creer ingenuamente que nuestra vida, nuestra salud, la salud de las personas que queremos, nuestros bienes, nuestro futuro inmediato, dependen de nuestra voluntad o decisión. Basta que por unos minutos se remezca la tierra o se enloquezca el mar, para que quede al descubierto con nitidez nuestra vulnerabilidad esencial. Desconocerla, hacerle el quite, cubrirla con la inconciencia, es un juego en el que nos hacemos trampa y terminamos perdiendo. ¿Cómo es posible que sólo estando enfermos valoremos la salud? El poeta nos recuerda: “Sólo se canta lo que se pierde”.
|
|
Continuar leyendo...
|
|
Un verano perdido o ganado |
|
|
|
|
Escrito por Diego Ibañez L. / Nº 167
|
|
Viernes 19 de Febrero de 2010 |
|
Se suele tener la falsa impresión de que los hijos en edad escolar pasan la mayor parte de su vida en los colegios. La verdad es distinta: los días lectivos suelen ser entre 182 y 187. Si el año tiene 365, al menos la mitad lo pasan en su casa con su familia. Y en el colegio no están a tiempo completo: parte de la tarde y las noches están con los suyos. Por lo mismo, el gran test de la educación familiar consiste en que cada hijo use bien y sanamente sus tiempos libres, ya que de ello depende el que crezcan por dentro y por fuera o se estropeen como personas. Y el largo verano sin clases, como los fines de semana, son los espacios privilegiados para fomentar -valga la redundancia- intereses “interesantes”, que hagan de cada niño o niña una persona valiosa, digna, apreciable, que demuestre su cariño filial y fraterno, y desarrolle su capacidad de relacionarse bien con los demás. Pero si el tiempo libre se ocupa mal, los hijos toman caminos desviados y adquieren hábitos que los perjudican y que luego les costará desarraigar.
|
|
Continuar leyendo...
|
|
|
|
<< Inicio < Anterior 1 2 3 4 5 6 7 Siguiente > Fin >>
|
|
Página 1 de 7 |