Edición nº 173
agosto de 2010
Respecto del tiempo libre de tus hijos:
 
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Editorial
Las campanas no pueden dejar de sonar PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Diego Ibañez L. / Nº 170   
Miércoles 05 de Mayo de 2010

campanasSolidaridad, comprensión y compasión son tres cualidades que hacen grandes a las personas.

Solidaridad -nos dice el diccionario- es la “adhesión a la causa o la empresa de otros”. Sin embargo, parece que frente a la desgracia, y más si es espectacular, la solidaridad se pone de pie casi de inmediato, pero con el paso del tiempo se duerme plácidamente y no se queda en vela. Su hermana, la comprensión, que consiste en sentir como propios los problemas ajenos, tampoco parece despertarse sino frente a lo más llamativo. Otra pariente de sangre fina es la virtud de la compasión, de raíces humanas y divinas, ya que lleva a experimentar como propio lo más íntimo y sagrado de los demás: el dolor.Padecer con el otro que sufre cae en el olvido con facilidad, ya que la inclinación espontánea de sumirse y quedarse atado a los problemas personales no hace fácil mantenerla con los ojos abiertos y el oído atento. La propia mochila parece ser la única que podemos sostener en nuestras espaldas y no hay espacio para la pesada carga que llevan tantos sin sentir a nadie próximo y necesitado. ¡Qué lección la de esa niñita de un poblado aborigen que llevaba una guagua ya no tan chica en su espalda! Al preguntársele si pesaba mucho, respondió: “nada, es muy liviano; es  mi hermano”.

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Somos vulnerables, frágiles, inseguros PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Diego Ibañez L. / Nº 169   
Jueves 15 de Abril de 2010

editorial_169Lo sabemos, pero lo olvidamos frecuentemente con bastante indignidad: somos vulnerables, frágiles, inseguros. Y podemos llegar a creer ingenuamente que nuestra vida, nuestra salud, la salud de las personas que queremos, nuestros bienes, nuestro futuro inmediato, dependen de nuestra voluntad o decisión. Basta que por unos minutos se remezca la tierra o se enloquezca el mar, para que quede al descubierto con nitidez nuestra vulnerabilidad esencial. Desconocerla, hacerle el quite, cubrirla con la inconciencia, es un juego en el que nos hacemos trampa y terminamos perdiendo. ¿Cómo es posible que sólo estando enfermos valoremos la salud? El poeta nos recuerda: “Sólo se canta lo que se pierde”.

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Mi sala de clases es mi oficina PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Diego Ibañez L. / Nº 168   
Lunes 15 de Marzo de 2010

editorial_168Marzo es la vuelta a la realidad, a los horarios menos flexibles y la recuperación del orden de siempre. Nuestros hijos tienen ahora sus cuadernos en blanco y el esperanzador horizonte de que en ellos se refleje la atención a las clases, y el propósito firme de convertir la sala de clases en su oficina, ya que ahí van a desarrollar su trabajo profesional: el de estudiantes que efectivamente estudian, cumpliendo un deber de justicia con sus padres y procurando convertir -como aconsejaba un santo- una hora de estudio en una hora de oración.

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Un verano perdido o ganado PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Diego Ibañez L. / Nº 167   
Viernes 19 de Febrero de 2010

editorial_167Se suele tener la falsa impresión de que los hijos en edad escolar pasan la mayor parte de su vida en los colegios. La verdad es distinta: los días lectivos suelen ser entre 182 y 187. Si el año tiene 365, al menos la mitad lo pasan en su casa con su familia. Y en el colegio no están a tiempo completo: parte de la tarde y las noches están con los suyos. Por lo mismo, el gran test de la educación familiar consiste en que cada hijo use bien y sanamente sus tiempos libres, ya que de ello depende el que crezcan por dentro y por fuera o se estropeen como personas. Y el largo verano sin clases, como los fines de semana, son los espacios privilegiados para fomentar -valga la redundancia- intereses “interesantes”, que hagan de cada niño o niña una persona valiosa, digna, apreciable, que demuestre su cariño filial y fraterno, y desarrolle su capacidad de relacionarse bien con los demás. Pero si el tiempo libre se ocupa mal, los hijos toman caminos desviados y adquieren hábitos que los perjudican y que luego les costará desarraigar.

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Navidad ¡qué no, que no puede ser! PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Diego Ibañez L. / Nº 166   
Miércoles 23 de Diciembre de 2009

editorial_166El comercio se da un banquete con la Navidad. La falta de presencia de Dios en la vida cotidiana contribuye también a hacer de la Navidad una fiesta de espaldas a su verdadero sentido. La que debiera ser una noche de paz se convierte en un ajetreo incesante por las tiendas y malls en una afanosa y nada serena búsqueda de regalos.

Los transpirados viejos pascueros son víctimas del calor y del atuendo poco adecuado para nuestro verano. Las vitrinas se abarrotan de estanterías y adornos alusivos en los que duele la ausencia de villancicos y pesebres. El gran ausente de esta fiesta trascendental es el Niño Dios, que prescinde de su omnipotencia para hacerse una guagua accesible al alcance de todos, necesitada de cariño. La gran fiesta que consiste en el descanso del espíritu, se sustituye por un ir y venir incesante que deja al corazón agotado y los bolsillos escuálidos. ¿Celebrar? Tantos y tantas terminan celebrando que ya pasó la avalancha. Ni unos mezquinos minutos para la contemplación ni el silencio.

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