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Escrito por Pilar Gaete / Nº 144
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Domingo 02 de Diciembre de 2007 |
Es la otra cara de la Navidad. Esa que lleva a comprar sin control para aliviar la angustia que sienten. Esta época es sumamente peligrosa para quienes padecen esta adicción y la familia es fundamental para evitar las recaídas.
“Tenía pena y compraba, tenía alegría y compraba”, cuenta Pamela (35), quien hace cinco años tuvo una pequeña crisis matrimonial que la llevó a buscar refugio en las compras para llenar el vacío que sentía. “Era una adicción, no podía controlarlo, estaba enferma. Cuando llegaba a mi casa, me arrepentía”. Las deudas aumentaban y su closet se llenaba de ropa, perfumes y joyas que no usaba.
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