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Escrito por Magdalena Pulido / Nº 170
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Martes 04 de Mayo de 2010 |
No sale ni a su propio jardín porque le da susto el perro. Sólo pensar en una araña le produce pánico y por eso jamás va al campamento de fin de año. Dentro de un ascensor le traspiran las manos y se le acelera el corazón; prefiere subir 14 pisos a pie. Cuando el miedo es así de limitante, existe una fobia que hay que eliminar.
El miedo es una emoción natural y normal. Es la respuesta de nuestro sistema nervioso central que nos pone en guardia ante la presencia de algo que nos resulta amenazante. Hay miedos que son innatos, propios de ciertas etapas del desarrollo, y hay otros que son adquiridos. El objeto del terror suele cambiar a medida que el niño crece, pasando de temores tangibles a temores más abstractos. Lo bueno es que el número de temores suele disminuir con la edad.
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